La conciliación familiar ¿es posible?

Partimos de que hablamos de conciliación personal, familiar y laboral y que la definimos como “la participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes”.

 
 

La conciliación familiar ¿es posible?

A partir de ahí, entendemos que nos referimos al equilibrio entre la vida familiar, personal y laboral, que permite el desarrollo de cualquier persona en esos ámbitos. ¿Es posible en nuestra sociedad?

Sí es posible a través de un formato como el ‘Teletrabajo’ que une dos elementos imprescindibles: conciliación y productividad. El teletrabajo permite la posibilidad de mejorar la conciliación entre la vida familiar y profesional. De hecho, el INE afirma que los teletrabajadores aumentan su productividad entre un 5% y un 25% respecto a los presenciales, porque esta situación provoca que estén más motivados, lo cual redunda en una mayor productividad.

¿Cómo hacer que las horas del día nos permitan conciliar?

Lo más recomendable es organizar las horas del día y fijar un horario. Aquí la rutina cobra un papel fundamental, pero debemos marcar y respetar las pautas establecidas para el descanso y para las comidas, sin que esto frene el ritmo de trabajo. Establecer unos objetivos a alcanzar a lo largo del día es crucial para cumplir con la productividad.

Es fundamental tener asignado un espacio de trabajo dedicado solo a llevar a cabo la actividad laboral, que esté asilado del resto de los rincones de la vivienda y donde podamos ejercer la actividad sin distracciones.

También debemos evitar la procrastinación, es decir, el ‘dejar para mañana lo que puedas hacer hoy’. Puede parecer un tema sin importancia, pero nos obliga a arrastrar tareas que no nos permiten liberar nuestra mente del trabajo un día tras otro.

Por último, es importante establecer un orden de prioridades y dedicar las primeras horas de la mañana a aquellas tareas que nos resulten más tediosas o complejas, y dejar el resto del día para aquellas más sencillas que requieran menos capacidad de concentración.

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